Escrito por Russell Friedman Abril 22, 1993
Traducido por Grace Frank Método Grief Recovery México

Hay muchas ideas erróneas acerca del dolor asociado con una pérdida emocional. Algunas están tienen que ver con las relaciones de otras personas, por ejemplo: “No es justo hacerles cargar con mi dolor” (a la madre, padres, hijos, etc.). Otras tienen que ver con cómo pensamos que debemos reaccionar a una pérdida, por ejemplo: “Ya se me debería haber pasado” o “Me tengo que mantener ocupado”.
Uno de los miedos más escondidos y peligrosos es que si me hago consciente del dolor que siento, empezaré a llorar y no podré detenerme.
Es precisamente esta aseveración incorrecta la que nos puede llevar a mantenernos encerrados en una posición en la que nunca podremos resolver nuestro duelo. Y así basándonos en lo que la sociedad nos ha enseñado, es ésta la expresión más lógica de lo que hemos aprendido.
Desde muy pequeños se nos ha enseñado que los sentimientos de tristeza, dolor o negativos, deben ser evitados a todo costo. Y si no somos capaces de evitarlos, cuando menos no debemos mostrarlos en público. Casi todas las personas con las que hemos hablado se han identificado con algunos de estos comentarios: “Si vas a llorar, vete a tu cuarto y llora a solas”; “Deja de llorar o te voy a dar una razón para que lo hagas”; “Ríe y el mundo reirá contigo, llora y llorarás solo”.
Esos son solo una pequeña muestra del tipo de comentarios que han regido nuestras reacciones ante las pérdidas durante nuestra vida. En uno de nuestros artículos hablamos acerca de que nuestros hábitos de sobrevivencia se desarrollaron cuando éramos muy pequeños, y que podríamos estar manejando nuestra vida adulta con las percepciones y habilidades limitadas de un niño.
Si te imaginas a un bebé, que esta incómodo por algo, te darás cuenta que manifiesta su incomodidad a todo pulmón. Si piensas sobre esto también notarás que los bebés también manifiestan placer a todo pulmón. No hacen distinción entre felicidad y tristeza en términos de volumen o intensidad de expresión. Cuando los niños crecen, son socializados para reducir tanto el volumen como la intensidad de sus respuestas a las situaciones emocionales de su vida.

Esto sería aceptable de alguna manera si ambos, alegría y tristeza, fueran modulados de la misma manera. Nos permiten los sentimientos de alegría, felicidad o sentimientos positivos, inclusive los podemos compartir, pero la otra mitad de nuestra vida emocional debe permanecer en la soledad, relegada al aislamiento.
Con todos esos hábitos y creencias como lastre, es casi completamente lógico que estemos aterrados de mostrar o expresar alguna de las reacciones dolorosas naturales ante cualquier tipo de pérdida. Casi tiene sentido en que creamos que si empezamos a llorar no nos vamos a poder detener. Así que si has sido un poco duro contigo por lo que no has podido hacer, date una oportunidad. Puede ser que solamente hayas actuado de acuerdo a tu programación.
Puede sonar un poco duro e inhumano decir que has sido programado, pero si te das cuenta de la analogía, puedes encontrar que te ayudará a permitirte el cambio. Cuando menos, puedes ver que tan bien has llevado a cabo las cosas incorrectas que has aprendido, también verás que puedes ejecutar las cosas correctas con gran precisión.
Todavía no hemos visto a alguien que no sea capaz de dejar de llorar. Sin embargo, hemos visto a personas que evitan el uso del Método Grief Recovery, por un miedo innato de cualquier expresión de sus sentimientos de tristeza, dolor o negatividad.

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